Los ojos también crecen
Durante la infancia, la visión cambia casi tan rápido como ellos. Especialmente en los primeros años, el sistema visual está en pleno desarrollo y se va adaptando al crecimiento, al aprendizaje y a los nuevos hábitos del día a día.
Por eso, es importante tener claro que las gafas no son “para siempre”. Lo que hoy funciona perfectamente, dentro de unos meses puede quedarse corto. Conocer los momentos clave para revisar y adaptar las gafas es fundamental para acompañar correctamente su desarrollo visual.
¿Por qué no basta con una revisión al año?
La revisión anual es el mínimo recomendado, pero no siempre es suficiente. Hay situaciones en las que la visión infantil puede cambiar antes de ese plazo:
- Crecimiento acelerado
- Cambios en el entorno escolar
- Aumento del uso de pantallas
- Nuevas exigencias visuales (lectura, escritura, deberes)
Todo esto puede hacer que la graduación, la montura o incluso el tipo de lente deje de ser la adecuada antes de la siguiente revisión programada.
Señales que indican que las gafas ya no son suficientes
Presta atención a estas señales, porque suelen ser las primeras pistas:
- Tu hijo dice que no ve igual que antes
- Se acerca demasiado al papel o a la pantalla
- Dolores de cabeza o cansancio visual frecuente
- La montura está rota, deformada o ya no ajusta bien
- Se quita las gafas constantemente o las rechaza
- Cambios en la postura al leer o ver la pizarra
- Guiños frecuentes o desviaciones oculares que antes no existían
Si detectas una o varias, es momento de revisar.
¿Y si no se queja? El papel clave de las revisiones visuales
Muchos niños no saben explicar que no ven bien… simplemente se adaptan. Para ellos, su visión “es así” y no tienen con qué compararla.
Por eso, conviene adelantar la revisión visual en momentos como:
- Inicio de curso
- Cambio de etapa escolar
- Bajada inesperada del rendimiento académico
- Comentarios del profesorado sobre atención o postura
No siempre hay molestias, pero sí consecuencias.
Qué hay que revisar además de la graduación
Cambiar de gafas no es solo ajustar números. También es importante revisar:
- La montura: que sea cómoda, resistente y se adapte al crecimiento facial
- Los cristales: materiales seguros, antirreflejo, filtros o lentes fotocromáticas según la edad
- La ergonomía visual: nuevas rutinas, más lectura, pantallas o deporte influyen en sus necesidades
Un ajuste correcto evita molestias y mejora el rendimiento visual diario.
Los ojos de tu hijo no son los mismos que hace seis meses. Observar las señales, no esperar a que la visión se deteriore y revisar a tiempo marca la diferencia.
¿Cuándo cambiar las gafas de tu hijo?
Cambios de visión, molestias o desgaste pueden indicar que necesita unas nuevas. Aprender a detectar el momento adecuado es clave para su bienestar y aprendizaje.
Acompañar su crecimiento también es cuidar su visión.